Muy buenas expectativas teníamos depositadas en este encuentro con el bueno de Hendrik.
Incluso la espera se nos hizo larga degustando una cerveza fresquita en el Café Teatro, templo donde Hendrik desplegaría todo su buen hacer en el concierto de la noche.
Por fin apareció en el garito guitarra en ristre cual sicario sureño y el resonar de sus botas de puntas plateadas, hicieron que nos volviéramos y a nuestras espaldas apareció con la imagen perfecta del músico altanero y seguro de sí mismo. Con las disculpas de antemano por la tardanza, nos encaminamos, sin más demora, a la localización que habíamos planteado para la grabación de este acústico, tan deseado por parte de todos, pero especialmente por mí, ya que yo fui un hombre enfermo y eso sabemos lo que significa.

Recorrimos Fuente Dorada abajo, entablando una charla amigable, donde el relato del viaje de Hendrik Röver a tierras castellanas y tema culinario de por medio, fueron los protagonistas hasta llegar a la Plaza del Val, lugar elegido para el rodaje. Sin más preámbulos y sin ningún rubor, tiró de camiseta y se enfundó la camisa de la faena.

Camisa negra con adornos, muy country y con una pequeña prueba de sonido, ya que se nos planteaba una pequeña dificultad por el repiqueteo del agua de la fuente, que caía con fuerza detrás del músico, empezamos a grabar sin más demora. Una toma de una, muy profesional… él, claro.
En el segundo tema cambiamos de sitio y Hendrik se situó en un lateral del mercado del Val y apoyado en la pared del edificio nos deleitó con otra preciosa canción y como era de esperar, sin repeticiones, salió a la primera. Rápido y limpio, así fue el trabajo.

Recogimos los bártulos y nos dirigimos a la cafetería del teatro Zorrilla, casa de nuestros amigos Santi y Mario y allí, con unas buenas cervezas en ristre, le hicimos una estupenda entrevista donde hablamos del bien y del mal, de la vida y por supuesto de Rock&Roll.

Nos despedimos hasta la noche a la hora del bolo y con una sonrisa de oreja a oreja, nos fuimos a nuestros respectivos hogares, silbando esas “Mentiras” que el señor Röver nos contó.